lunes, 13 de abril de 2009

Relatos Gays - FOLLANDO AL MECANICO

Gay. Su coche se había averiado y la reparación le costaba más de lo que podía pagar, pero el mecánico encontró la solución perfecta para abonar la deuda.



Me llamo Jose, tengo 22 años y vivo en el sur de España, en un pequeño pueblo a 30 kms de la capital de la provincia, donde estaba la Universidad a la que había entrado un año antes a estudiar Magisterio. Durante el año anterior me había desplazado diariamente en el autobús pero, para este nuevo curso ya había logrado comprarme un coche con el que los viajes a la capital se me hacían más cómodos y llevaderos. Estaba en la tercera semana de septiembre, hacia mucho calor todavía, era martes y ese día salí de casa con destino a la Universidad. Faltaban poco más de 5 kms para llegar cuando el motor del coche comenzó a echar humo, así que asustado decidí parar. Quiso la suerte que en la salida que cogí hubiese una taller de vehículos, así que aparque y me encaminé al interior, donde un hombre maduro de unos 50 y tantos, grueso, de piel bronceada, más bien bajito, con el pelo negro, que marcaba ya una calva en su coronilla, que se llamaba Bartolo y era el dueño del taller se apresuro a dejar el coche que tenia entre manos e intentar resolver mi problema. Pero tras echar un vistazo me dijo no sé que de los manguitos y que la reparación no podía ser inmediata, o sea, que tenia que esperar un par de días. Sin embargo, se ofreció a llevarme a la Universidad o de vuelta a mi casa si esperaba al mediodía que acabara su faena.



No llevaba dinero ni siquiera para un bus, así que durante las 2 horas que restaban me dedique a mirar como trabajaban Bartolo y los dos chavales jóvenes que le ayudaban. Durante todo ese tiempo no hice mas que mirar al maduro mecánico, que sudaba copiosamente mientras trabajaba. Con todo el disimulo que podía miraba como su sucia camisa, empapada en sudor, marcaba la forma de sus pechos, pezones y vientre. Los pantalones vaqueros que llevaba eran mas bien justos, marcando un trasero bien redondo y enorme, prominente, y un bulto también redondo entre las piernas que me pareció muy bien formado. Pero lo que más me excitaba era verlo cuando tenia que acacharse: la camisa se le salía, las carnes se le marcaban y los pantalones se le estiraban tanto que dejaba ver la parte superior del culo, donde una mata de pelo negro se escapaba furtivamente.



Total, que aunque el tiempo pasaba rápido, mientras hablaba de cosas comunes con Bartolo y sus ayudantes, llego un momento en que no pude más, tenia una erección enorme y le pregunte a Bartolo por los servicios. Allí me encamine al urinario de pared que había justo al lado del lavabo, me saque la polla y comencé a hacerme una paja. No llevaba mas de un minuto cuando me corrí. Pero apenas estaba haciéndolo oí el ruido de la puerta. Me pegué todo lo que pude al meadero, manchándome las manos con el semen que salía, y miré para ver a Bartolo, que me saludó. Había entrado a lavarse las manos y mientras lo hacía me dijo que ya le quedaba poco de trabajo para llevarme. Yo debí ponerme como un tomate de vergüenza y rezaba para que no se diera cuenta de lo que me pasaba, así que me subí la cremallera e hice como si hubiera acabado intentando esconder ni mano derecha.



Bartolo, después de lavarse las manos, se dirigió al urinario que yo acababa de dejar. Mientras yo me lavaba las manos todo lo rápido que podía no pude evitar lanzar una miradilla descuidada al oír el ruido de su orina, y pude ver que estaba ligeramente separado de la pared, pudiendo ver por un segundo un trocito de su glande. Salí del aseo y el resto del tiempo procuré no mirarlo.

Cuando pudimos recuperarnos un poco, aún en la misma postura, Bartolo me habló: "Que gusto, Jose, estoy muerto. . . ". Nos levantamos, Bartolo sacó papeles para limpiar el semen que había en el suelo, mesa, manos y mi culo. Vi su polla que aún goteaba liquido, ya se había quedado flácida pero me pareció más apetecible, así que me ofrecí a limpiársela. Mi boca y mi lengua saborearon de nuevo aquel regalo, el sabor del semen liquido me gustaba.



Nos sentamos en la mesa, Bartolo sudaba como un condenado y se limpiaba el sudor de la frente con un trapo. Durante más de media hora nos dedicamos a hablar, hacernos caricias y conocer mejor nuestros cuerpos. Sé que ya he hablado maravillas de su cuerpo pero no puedo evitar volver a recordarlo allí, con su cuerpo peludito, el pelo desenmarañado del sudor y su polla que ahora era diminuta y casi no se veía entre aquellos hermosos huevos. Me contó como había disfrutado, me preguntó si me había gustado y yo, ya totalmente tranquilo y confiado, le respondí que era la primera vez, pero no creía tenerlas mejor: Estaba muy contento. Allí nos hubiéramos quedado horas, pero la hora de la comida ya había llegado y ambos teníamos que volver a nuestras casas. Me lancé y pedí a Bartolo que me dejara ayudarlo a vestirse, cogí sus calzoncillos que estaban muy mojados del sudor y antes de ponérselos me los restregué por todo el cuerpo, por mi cara. Mientras le ponía la camisa le acaricié el pecho, los pelos suavemente. , le masajeé las tetillas. El se dejaba hacer y antes de salir volvió a besarme la boca durante un rato, acariciándome el trasero. . .



Cerró el taller y nos montamos en su coche, me llevaba de vuelta a casa. Habíamos iniciado una conversación sobre la homosexualidad y él me contó como sabia que lo era desde los 17 años, en la mili estuvo tres meses follando con el cocinero de la cantina, un hombre que estaba gordísimo y al que tenía que acostar para chuparle la polla. En el taller, su único consuelo era hacerse pajas en su despacho cuando sus dos jóvenes ayudantes le ponían. La conversación volvió a excitarme, así que a medio camino le bajé la bragueta y comencé otra paja, Bartolo llevaba su mano a mi pene cada vez que cambiaba las marchas. Le dije que me habían entrado unas ganas locas de comer polla otra vez y comencé a desabrocharle. "Jose, déjame que yo necesito descansar, no puedo follar otra vez y menos conduciendo".



Pero no le hice caso, me incliné sobre su polla, le saqué los huevos fuera del pantalón y empecé a comérmelos. Bartolo no podía conducir bien así, y como vio que yo no paraba, salió de la autoría por la primera salida. Me di cuenta cuando paró el coche, que lo había hecho en un área de descanso con muchos árboles y que estaba vacía. Me hizo parar para bajarse los pantalones hasta el suelo y retirar atrás el respaldo de su asiento, yo hice lo mismo y seguí comiéndole polla y huevos, El olor a sudor era ya muy fuerte, y después de un rato, Bartolo me pidió que parara. "No se me va a empinar, pero déjame que te lo haga yo un poco a ti.



" Y entonces fue él el que se inclinó sobre mi polla y comenzó a chuparme solo el glande mientras masajeaba el resto. Su lengua hicieron con mi pene los mismos juegos que cuando nos besábamos, al poco estaba loco de gusto, y cuando Bartolo se metía la polla casi entera, hasta donde la cabía en la boca, chupándola como una ventosa creí morir. Me iba a correr y me decidí. "Bartolo, déjame que te haga una cosa, déjame que te haga el amor quiero metertela en el culo". Él me miró y paró, apretando con sus dedos el glande por si me corría, al poco, al ver que me había abalanzado sobre él tocándolo entero me pidió calma: "Venga, vale, quítate los pantalones los zapatos y pasa detrás. ". De manera incomoda nos desvestimos los dos de cintura para abajo, y primero él y luego yo saltamos atrás, sentándonos pegados. .



Bartolo se puso a cuatro patas sobre el asiento dándome a ver su trasero. Podía disfrutar de ese culo sonrosado y muy peludo, cuando se inclinó un poco más pude ver un agujero colorado entre el pelo, y sin escuchar lo que Bartolo me decía (me explicaba como tenia que hacérselo y me decía que untara un poco con saliva antes) me lancé a comerme aquel agujerito. Mi lengua recorría todo su ano y en arranques de pasión se la metía cada vez un poco más, provocándole pequeños gritos de gusto. El fuerte olor a sudor que teníamos los dos no hacia mas que seguir excitándome, así que mis besos y chapetones se hicieron más intensas; le comía también el culo con suaves chupetones y pequeños mordiscos y con mis manos no dejaba de acariciárselo. Ya no podía aguantar más y a la vista de que su ano estaba cada vez más abierto me puse a cuatro patas sobre él inclinándome para no darme en el techo, y separando un poco con mi mano le metí todo mi glande. Después de eso, el gemido de placer de Bartolo y luego, como una ventosa noté lo facil que entraba mi polla en su culo. "Despacio, despacio, así. . .



sigue" Bartolo apenas si podía hablar y yo, en el paraíso me bamboleaba encima suyo, poco a poco mi pene se metía cada vez más y Bartolo hacia fuerza cada vez que entraba notando como apretaba su culo en torno a mi polla. Con mis manos le tocaba sus tetas y le acariciaba su pollita y agarraba sus huevos. Empecé despacio pero después de poco fui acelerando el ritmo presa de una excitación total, la metía con fuerza y se la hincaba hasta que mi pelvis tocaba su culo.

"Estos calzoncillos están para tirarlos " oí decir a Bartolo refiriéndose a sus slip que chorreaban de sudor y sucios, con fuerte olor. Se puso solo los pantalones pero al ver que quería tirar los calzoncillos le detuve: Quería quedarme con aquel tesoro para mí.



Bartolo sonrió y nos besamos de nuevo por ultima vez. El viaje de vuelta a mi casa acabó y tras dejarme Bartolo me dijo que dentro de dos días tendría el coche listo, que pasara a recogerlo por la tarde y no tuviera mucha prisa en volver a casa. Complacido pasé todo el día siguiente pensando en él, haciéndome pajas como un loco, deseando que llegara el jueves tarde. Cuando al fin llegó el día, me dirigí en el bus hasta la parada más cercana al taller, y andando llegué hasta él justo cuando pasaban cinco minutos de las nueve, a tiempo de ver como los ayudantes se marchaban. . . El reencuentro con Bartolo fue genial, baste decir que cerramos el taller y nos fuimos a su campo, a cinco kilómetros de allí, a pasar una noche maravillosa. . . pero eso es ya otra historia.

La amistad con Bartolo ha ido creciendo desde entonces, somos buenos amigos.

No nos vemos a menudo, una o dos veces al mes, pero sabemos aprovecharlo.

Espero que os haya gustado.



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